Hendoku iyaku… o cómo convertir el veneno en medicina

Hendoku iyaku

Es muy fácil ser feliz cuando en la vida estamos manifestando justo aquello que se ajusta a nuestros deseos e intereses pero, ¿qué ocurre cuando lo que estamos viviendo es una enfermedad, una situación de pérdida, una etapa de pobreza, carencias y limitaciones? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos aprender?

Los budistas llaman a este proceso  “hendoku iyaku”, que significa transformar el veneno en medicina o lo que es lo mismo: transmutar toda la rabia y el sufrimiento que estás sintiendo en frecuencias más elevadas que te permitan evolucionar. Pero, ¿cómo se hace?

En ocasiones la vida parece ponernos a prueba, nos golpea, nos sacude y a veces, aprieta tanto que sentimos que casi nos asfixia.  El refranero español es una muestra que refleja este sentir, con frases como “las desgracias nunca vienen solas”, “a perro flaco todo son pulgas” o “la desgracia no perdona a nadie”. Son frases populares, por otra parte, con las que hay que tener mucho cuidado para no ser transformadas en creencias limitantes.

Pero por mucho que sientas que conoces las reglas, por mucho que te empeñes es mantener una actitud positiva, por esmerado que sea tu hábito de visualizar tus objetivos, es muy probable que en algún momento hayas experimentado la sensación de que todo a tu alrededor se derrumba, de que algo no marcha bien. Puede que hayas sentido soledad, confusión y la sensación de haberte perdido en algún punto del camino. Si es así, no te preocupes.

Chica

La trampa de la eterna felicidad

No nos engañemos, como seres humanos que somos, experimentamos un sinfín de emociones cada día. En nuestro ritmo de ajetreo diario se calcula que tenemos unos sesenta mil pensamientos al día, ¡sesenta mil! Solamente nuestro cerebro consume el veinte por ciento de nuestra energía diaria, así que a menos que hayamos alcanzado la iluminación, lo más normal es que en ocasiones atravesemos momentos de inestabilidad o vulnerabilidad emocional.

Nuestras creencias más arraigadas, la presión de nuestro entorno, la innegable sensación de realidad  de todo cuanto nos rodea, etc., a veces hacen que dudemos de nosotros mismos, de nuestras propias capacidades y de nuestro potencial para crear las condiciones que de verdad deseamos para nuestra vida.

Esto choca de plano con la idea de que siempre debemos ser felices, siempre tenemos que estar bien. “Al mal tiempo, buena cara”. “Bueno, caballero, ¿y qué sucede si hoy no me apetece tener otra cara?”

Caras

Portar una sonrisa en el rostro las veinticuatro horas del día es una tarea abrumadora y malsana, porque no es real. Tanto hombres como mujeres tenemos un biorritmo físico, mental y emocional, sin hablar de la influencia del exterior que, en mayor o menor medida según nuestra actitud y fortaleza personal, va calando gota a gota en nuestro interior hasta llegar a influir en nuestro estado de ánimo.

En resumen, no ocurre nada malo si un día no tenemos ganas de sonreír, de hablar o de ver la vida de color rosa, a-b-s-o-l-u-t-a-m-e-n-t-e-n-a-d-a.

Así pues, toma aire, respira, escucha tus necesidades, ¿qué te pide el cuerpo? ¿Retirarte a tu cueva? Hazlo. No te fuerces nunca a ser algo que no seas. Respetarse es darse en cada momento lo que tu alma te pida; si debes gritar o patalear porque estás sufriendo, hazlo; si tienes que romper un plato, rómpelo. No importa y sí importa. Hoy caes. Mañana te levantarás. Y eso es lo que te hace ser un ser humano imperfectamente perfecto. Eso, y no portar una falsa sonrisa de felicidad como un complemento más a juego con el bolso, los vaqueros o las gafas de sol.

¿Y qué ocurre cuando la situación se agrava o se prolonga más de lo humanamente soportable? ¿Qué sucede cuando la situación que estás viviendo hace que tu salud se resienta, te cueste dormir, te cueste comer, te cueste, a veces, hasta respirar?

Caja de agua

Transmutando la energía para generar una acción positiva

Nuestra desesperación se produce porque no encontramos una salida a nuestro problema pero siempre hay una salida, aunque en este momento no podamos verla. Nos sentimos atrapados y eso nos inmoviliza física y mentalmente, perpetuando nuestra situación e impidiéndonos hallar una solución.

“Hendoku Iyaku” nos habla de tomar toda la energía generada por nuestras emociones y utilizarla en nuestro beneficio, es decir, convertir lo que a la larga nos está envenenando en la fuerza motriz que nos impulse a la acción.

Acuérdate de la película Ghost, cuando el espíritu de Sam Wheat (Patrick Swayze), perdido y todavía confuso acerca de su nueva situación pide ayuda a otro espíritu que “vive” en el metro de Nueva York (Vincent Schiavelli) para que le enseñe a mover objetos reales. “Tienes que proyectar – le dice el personaje de Schiavelli -. Tienes que concentrar todas tus emociones: toda tu rabia, todo tu amor, todo tu odio… y empujarlos hacia abajo, hasta la boca del estómago y entonces hacer que explote, ¡como un reactor!”

“Hendoku Iyaku” funciona de manera similar. Primero debes prestar atención a tu cuerpo.

Siéntate y cierra los ojos, respira profundamente, ¿cómo te sientes?

¿Sientes nervios, sudores, ansiedad, rabia, ira, coraje, frustración?

¿Dónde los notas? ¿En qué zona sientes vibrar tu cuerpo? Presta atención. Siente tu cuerpo, tus músculos, tus palpitaciones…

Preso

Según las tradiciones orientales, todas nuestras emociones basadas en el miedo (la ira, la frustración, la rabia, etc.) vibran en nuestros chakras inferiores: la zona sacra, la pélvica y la correspondiente al plexo solar, o dicho de otro modo, todo nuestro cuerpo a partir del corazón hacia abajo.

Vuelve a prestar atención, ¿sientes esa vibración en la parte inferior de tu cuerpo? ¿Te imaginas que esa vibración fuese el movimiento de un motor que va acelerándose cada vez más hasta que te hace ponerte en pie y emprender una acción que te lleve a solucionar tu situación? Es como decir que algo nos da tanta rabia, que no podemos por menos que hacer algo al respecto, que no nos resignamos a seguir sintiéndonos mal.

De eso se trata, de transmutar una energía que a la larga puede ser destructiva para nosotros en valor y coraje para ponernos en marcha y buscar soluciones constructivas.

¿Y si, aun así, no me siento impulsado a ponerme en acción?

Entonces imagínate que estás en una sala de cine enorme. Todo el cine está vacío y solo tú ocupas una butaca en la zona central, sin nadie más que pueda molestarte. Incluso tienes entre tus manos un apetitoso paquete de palomitas del que empiezas a dar buena cuenta mientras esperas que empiece la película.

De pronto, las luces se atenúan y la sala poco a poco se queda a oscuras. La pantalla se ilumina con una potente luz blanca y comienzan a aparecer en ella las primeras imágenes de la película.

Cine

En ese instante te das cuenta de que lo que se está proyectando es exactamente tu vida y más concretamente todo aquello que estás viviendo en estos momentos y que tanto dolor y sufrimiento te está causando. Sin embargo, todas las personas que aparecen en la pantalla son actores representando un guión y tú tienes el papel protagonista.

Mientras sigues degustando las palomitas, libre y a salvo en tu butaca, te ves en la pantalla actuando, moviéndote, tomando decisiones y hablando con otros actores y actrices de tu película. Desde tu butaca, te ves “desde fuera” de la situación y sin identificarte emocionalmente con ella.

Hazte entonces las siguiente preguntas:

“¿Qué puedo aprender de esta situación?”

“¿Me estoy aferrando a algo que me está perjudicando? ¿Qué debería soltar?”

“¿Cuál es la elección más elevada que puedo tomar en esta situación?”

Todo en esta vida es aprendizaje. Sin duda eres más fuerte de lo que piensas y cuentas con valiosos recursos internos para resolver esta situación, aunque en este mismo minuto no aciertes a saber qué es lo que puedes hacer.

A veces, el saber lo que NO quieres ya te otorgará suficiente fuerza para ponerte en marcha.

En el momento en que transmutes tu desesperación en fuerza estarás un paso más allá de la inmovilidad y estarás permitiendo que la vida vuelva a desarrollarse a tu alrededor en toda su grandeza, abriendo la puerta a la posibilidad de que las personas y las circunstancias adecuadas se presenten en ella para ayudarte.

Cuando hayas superado esta etapa, serás mucho más fuerte, más sensible,  con un mayor grado de empatía hacia lo que te rodea y habrás adquirido mucha más sabiduría.

Así que respira profundamente,

lo vas a conseguir.

calma

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