¿Por qué tenemos miedo a ser felices?

A menos que hayas vivido en una burbuja de cristal la mayor parte de tu vida, al ir creciendo te habrás imbuido de los mensajes con los que la sociedad y el entorno nos envuelven constantemente. A pesar de la labor de nuestros bienintencionados padres y educadores, si eres como la mayoría de los seres humanos, habrás aprendido a buscar la aprobación de los demás y a confiar más en las opiniones y juicios de otras personas que en los tuyos propios. Por todo ello, lo más seguro es que tengas un miedo innato a ser rechazado o rechazada por los demás, miedo a hacer el ridículo, miedo a que nadie te quiera, miedo a equivocarte o a fracasar, miedo a no ser feliz…

Y hasta aquí todo parece bastante normal ya que a nadie nos gusta ser infelices, ¿verdad?

Ahora bien, tal vez te sorprenda saber que lo realmente nos produce pánico no es fracasar sino todo lo contrario, lo que realmente nos aterroriza es tener éxito: ser felices.

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“Esto no puede ser todo. Tiene que haber algo más…”

Una mañana abres los ojos y una simple pero persistente idea cristaliza en tu mente:

“Esto no puede ser todo. Tiene que haber algo más…”

Esa idea te acompaña en cada momento de respiro mental, mientras te cepillas los dientes, en la pausa del café, en el asiento del coche mientras conduces y momentos antes de que el sueño te venza por la noche entre las sábanas.

De pronto sientes que esa idea llevaba mucho tiempo contigo, huérfano de palabras pero poderoso en sentimiento. Por fin le pones cara, le pones nombre, pero eso no mitiga tu inquietud sino que la aviva hasta convertirla en un molesto huésped que no sabes cómo despachar.

Amas a tus hijos, amas a tu pareja, tienes un trabajo estable, una casa, un coche pero esa vocecita sigue ahí, repiqueteando sin cesar:

“Esto no puede ser todo. Tiene que haber algo más…”

Es entonces cuando te invaden la confusión y la culpa. “Si tengo todo lo que se supone que necesito para ser feliz, ¿por qué siento que me falta algo?”

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